miércoles, 10 de enero de 2007


No tener rostro ni fe viva…(MERCURIAL ECLESIASTICA)

Hasta nuestros días la religiosidad y el costumbrismo son los más grandes enemigos de la fe o las creencias que la mayoría de nosotros tenemos ante un ser Supremo; porque así como han existido personas que han ayudado al fortalecimiento de nuestra Iglesia (Católica, Apostólica, Romana) como son los mártires y los santos… que con sus ejemplos de vida han nutrido las bases de nuestra fe tratando de hacerla más fuerte, también existen personas que desde dentro o fuera atacan aquellos cimientos de verdad que se quiere mantener intachable ante la sociedad.Y nadie puede desmentir aquello cuando desde adentro los mismos sacerdotes, y religiosas… han sido considerados como actores, cómplices o encubridores de actos innumerables que van en contra de la moral personal y comunitaria (Por ejemplo en casos adulterio, violaciones, homicidios, robos, entre otras). Y desde fuera en cambio todo lo que nosotros hacemos escudándonos detrás de un título “soy católico” en contra de todo lo maravilloso que Dios ha creado, y ni que hablar si basta con ver tanta corrupción y tantas cosas que se hacen con el uso indebido que hoy la mayoría de jóvenes dan a su cuerpo que es Templo de Dios, y muchas otras cosas que no dependen de una Iglesia entendida como institución sino de una convicción personal como seres humanos.De nada nos sirve un rezo, una penitencia, un sacrificio material, si dentro de nuestra alma tenemos el corazón vació, lleno de envidias, lleno de egoísmo… Ni santos, ni espíritus, ni donaciones, mucho peor misitas y bailes en honor al santito nos pueden aliviar de la carga que tenemos de todo lo malo que hacemos a diario. Y no debemos culpar solo a los clérigos, pues ellos son pocos, pero nosotros como Iglesia deberíamos generar el cambio y con conocimientos de causa respaldar y demostrar que amamos a Dios y que a pesar de todas las cosas que se escuchan nuestra fe no es tan frágil como para derrumbarse si alguien falla pues nosotros no fallaremos. Si crees, cree de verdad y actúa en demostración de aquello pero si no lo sientes, no finjas ni actúes, pues en la fe no hay media luna, no engañarás a Dios porque Él todo lo sabe, te engañas tú mismo y no hay error más grande que ese: montarte para ti un edificio sobre bases de cristal sin saber si cuando venga un viento dejará caer todo a piso.

MARIA RAMOS